
José Victorino Lastarria (1917-1888), considerado entre uno de los intelectuales más signficativo del siglo XIX en nuestro país. Se destacó por su obra educacional, política, social y literaria.
En el año de 1860 escribió su novela DON GUILLERMO, que ha sido considerada como la primera novela chilena, a pesar de su estilo simple y poco literario a la vez.
EL SACRIFICIO Y LA MUERTE
...”y, sin dirección ni discernimiento, echó a correr contra la oscuridad.”
TODO VERDOR PERECERÁ, Eduardo Mallea.
Si hubiera que sintetizar la obra Don Guillermo, diría que es un descenso por los intrincados caminos de la angustia, por la soledad más devastadora del alma, por la locura más absoluta. Leer esta novela con una mirada actualizadora, con un replanteamiento de hechos, no con la intención de mermar el valor histórico o costumbrista; ni tampoco desvalorizar los análisis que han promovido a este texto como el primer germen o instancia en la cual se inagura la narrativa de nuestro país. Creo más bien, es el momento de promover nuevas perspectivas de lectura, afiatada precisamente en aquellas visiones que, en vez de totalizar, puedan abrir nuevas discusiones y aportar con una revalorización de nuestra literatura nacional.
Como ya señalé en un inicio, la obra Don Guillermo nos presenta al “loco”, al ser que ha perdido consciencia de su mundo, que ha perdido el camino de la realidad para llegar a otro potencialmente existente, pero oculto a los ojos de los demás, una puerta que sólo son para algunos pocos elegidos; y que desde luego, tendrán una misión ya sea de formación o de una participación encubierta para destruir las estructuras de estabilidad, y crear un otro poder antiguamente existente, demoníacamente dispuesta.
Si despejamos el sentido de lo demoníaco como la forma en la cual se presenta el mal en la historia (tratado por W. Káiser), y que, además, el mal es la formulación consciente de distintos niveles de destrucción y muerte, el sobrevalorar la misma y vivir para ello1. Entonces, estaríamos en presencia de una novela demoníaca, e incluso de afirmar que Don Guillermo no sólo es nuestra primera novela sino que además es la primera novela demoníaca que se arma y estructura en nuestro país. El primer análisis de la historia del mal, después de Lacunza2, y crea un rescate de la personalidad de Asmodeo combinada con características muy de nuestra tradición rural,”un viejecillo pequeño, enjuto, de mala pinta, narigón y de ojos grandes”. Sin embargo, hay en este demonio elementos como en las otras instancias narrativas, ciertas singulariedades que nos hace atisbar un espacio de trascendencia que se revela a nuestros ojos en una especie de mapa oculto y secreto, y que está hecho sólo para quienes puedan recorrer un camino que se inicia en Valparaíso.
El narrador–autor, nos presenta con claridad el lugar, y la ambientación de la ciudad porteña, como en la primera página del relato “...una tarde de invierno húmeda y nebulosa, trasminaba aquel caramanchel de un expresivo olor a café, que provocaba y atraía a cuantos marineros navegaban el lodo de aquellos andurriales”. Con ojos de observador nos presenta la “Cueva del Chivato”, y en lo que después se convertiría, curiosamente parte de una bóveda bancaria (según anotación de las Obras Completas de Lastarria). Un agujero que nos lleva al bajo mundo y a la destrucción del ser.
Será en el capítulo VI, cuando el protagonista se enfrente una descomunal criatura, el chivato, que por definición literal no nos sirve , ya que se refiere a un chivo de pocos meses, sólo en su acepción interpretativa de delator o controlador nos permite dar una idea más cercana del sentido último de este animal que cuida la guarida, es el acusador de quienes se acercan. La monstruosidad tenía el volumen de un toro, los cuernos de un ciervo y dos ojos que alumbraban como dos brasas. La confrontación no hace más que agudizar la culpa, exagerar la lucha de cuerpo a cuerpo es autodeclararse culpable, y por ende, merecedor de un primer castigo físico, quedar sin aliento “inmóvil como un cadáver”. La violencia física se nos presenta, entonces, como un indicio de perdición y muerte. Ante lo desmesurado de algo que sobrepasa a la naturaleza no puede existir confrontación, el orgullo hace repeler el ataque y por ende recibir el castigo. El “yo” real no puede luchar contra algo que se muestra a priori como un ente que supera lo racional.
De esta manera llegamos a una nueva etapa, interrumpida por un cuento más bien ligado a las novelas ejemplares del Cervantes, una especie de dominio narrativo que más que ayudar tiende a interrumpir el relato. Si no fuera por el personaje femenino que está en juego, nada de ello en apariencia importaría, pues es Julia quien ocupa la mente de don Guillermo, además es por ella que se ve obligado a pasar por un lugar no apropiado. En otras palabras, Julia es un agente de picardía, de una sensualidad que más de ser atrayente es perniciosa. Ella posee la belleza perturbadora, inquietante, posesiva, y que en este caso logra indirectamente hacer caer a don Guillermo a la Cueva del Chivato.
El DE PROFUNDIS será para Don Guillermo como el Pater Profundis o región Inferior para El Fausto3. Los abismos, la caída hacia el lugar que no conocemos a ciencia cierta, como dice el texto ”si es cuarto o cueva, o si es un sepulcro o un cajón...” En esta zona de hermeticidad de piedra, logra verse una inscripción en lengua italiana “lasciate ogni speranza, voi che entrate.”, que nos remite a la Divina Comedia4 , Canto Tercero, en un lugar bajo un cielo sin estrellas, oscuro, las puertas mismas del Infierno. Con la obra de Lastarria nos enfrentamos al mundo de lo grotesco, caras que surgen de las paredes, muecas, burlas, estornudos imitativos, “sacaban unas lenguas largas, húmedas y amoratadas”.
El mundo del desquiciamiento empieza a desenvolverse con mayor claridad cuando don Guillermo comparece en un juicio, será ahí la desnudes del cuestionamiento a toda causa revolucionaria, “leso” será el tratamiento que le dirán, risas despreciativas , se abogará por la mentira- la ignorancia – el fanatismo – y la ambición. E Imbunche será declarado. A coserlo, a darles puntadas, torturarlo, violentar, denigrar, sufrir por su calidad de persona honesta y veraz. Por lo tanto, presenciamos lo demoníaco del texto, la presencia del mal, que va a solidificarse una vez que en el país de Espelunco se plantee las intenciones de dominar el mundo exterior, una confabulación se organiza desde el subsuelo del país, comandadas por demonios y hechiceras. Instaurar el poder antiguo, representado por la colonia, pero, bien sabemos que el poder antiguo, rebelde, tentador y engañador viene desde las mismas raíces del mal.
Don Guillermo es rescatado del imbunchamiento por un personaje femenino Lucero. Una bruja que tiene la capacidad de transformar, de salvar y de medir las capacidades del protagonista para encargarle una misión... desencantarla. Ella está hechizada, poseída, pero puede ser liberada por un hombre tenaz. ¿Quién es Lucero? ¿Es una misión salvadora o condenatoria? Tratar de rescatarla por medio de un sacrificio. Una misión de ritualidad, una peregrinación de Santiago a Valparaíso, una invocación de palabras mágicas. Dar la vida por un ser que tampoco es liberado. Una tarea pendiente, inconclusa, una condena más que un sacrificio salvador. Lucero como personaje femenino se presenta con características angelicales y de belleza, sin embargo, su petición no es otra cosa que condenar al protagonista a una vagancia de por vida. Transformarse del ser que era a un otro, peregrinante, “loco”, cuya realidad no es otra que la de cumplir un sueño liberar a lucero que yace atrapada en el fondo del planeta. Desde esta perspectiva, Lucero se vuelve la mujer fatal, la mujer que pareciera ser la salvadora pero en realidad es la que provoca la muerte y la locura. Hay más en este nombre tan peculiar, Lucero es la estrella matutina o del atardecer, es el planeta venus, más brillante que las otras estrellas, el astro del amor (el engaño para el protagonista). Pero Lucifer, también, significa “la estrella matutina”; de ahí se puede establecer el parangón entre Lucero y Lucifer, es un mismo personaje. As í como se ha transformado en pájaro, y le ha enseñado a don Guillermo algunas artes de lo oculto, también tiene una cercanía con aquel ángel más brillante y hermoso, que ha caído de los cielos y permanece encadenado en el Infierno. Dos personajes en uno, la dualidad, el enmascaramiento, el cambio de identidad, el engaño, lo aparentemente bueno pero que es condenatorio.
Al desaparecer Lucero, nos encontramos con Asmodeo, tentador, irónico, burlesco. Un viejo jorobado que vuelve a don Guillermo a la superficie. Asmodeo es un demonio, “un ser diabólico enemigo del matrimonio”5 , según la tradición judaica el rey Salomón lo obligó a que ayudara en la construcción del templo. El escritor Luis Vélez de Guevara lo hará su personaje principal en su obra Diablo Cojuelo. Es aquí, se produce una situación como si fuera de lo más normal, un diálogo entre Asmodeo y don Guillermo, un nuevo pacto. El personaje es ayudado por una entidad maligna, lo saca por medio de un violento vuelo y lo vuelve a la luz. Al despedirse Asmodeo ”le echó una mirada de soslayo, sonriéndose”, posteriormente hace muecas y ruidos grotescos.
El espacio a sido trastocado, un personaje del mundo de la realidad que conoció el otro mundo de las sombras, ayudado por un demonio, que dialogó con brujas, enfrentó seres fantásticos; no podría mantenerse en una coherencia de vida. Mr. Livinsgston o Pagan o don Guillermo o un peregrino que ha perdido la identidad de su entorno, que ha vuelto convertido en un otro, una especie de ánima viviente que vaga entre Santiago y Valparaíso. Finalmente, como ya sabemos, muere despeñándose. El sacrificio de su vida, no fue otra cosa que su propia muerte, su condena más absoluta, el vivir en soledad más permanente, “El LOCO” ( como en las cartas de Tarot) que lleva su vida por lo errático y la extravagancia. Don Guillermo es el símbolo de una apariencia que no es, un ser que ha dejado su propia individualidad para convertirse en un otro, perdido y condenado a su propio sueño, a su propia quimera, encadenado a la oscuridad.
Como ya señalé en un inicio, la obra Don Guillermo nos presenta al “loco”, al ser que ha perdido consciencia de su mundo, que ha perdido el camino de la realidad para llegar a otro potencialmente existente, pero oculto a los ojos de los demás, una puerta que sólo son para algunos pocos elegidos; y que desde luego, tendrán una misión ya sea de formación o de una participación encubierta para destruir las estructuras de estabilidad, y crear un otro poder antiguamente existente, demoníacamente dispuesta.
Si despejamos el sentido de lo demoníaco como la forma en la cual se presenta el mal en la historia (tratado por W. Káiser), y que, además, el mal es la formulación consciente de distintos niveles de destrucción y muerte, el sobrevalorar la misma y vivir para ello1. Entonces, estaríamos en presencia de una novela demoníaca, e incluso de afirmar que Don Guillermo no sólo es nuestra primera novela sino que además es la primera novela demoníaca que se arma y estructura en nuestro país. El primer análisis de la historia del mal, después de Lacunza2, y crea un rescate de la personalidad de Asmodeo combinada con características muy de nuestra tradición rural,”un viejecillo pequeño, enjuto, de mala pinta, narigón y de ojos grandes”. Sin embargo, hay en este demonio elementos como en las otras instancias narrativas, ciertas singulariedades que nos hace atisbar un espacio de trascendencia que se revela a nuestros ojos en una especie de mapa oculto y secreto, y que está hecho sólo para quienes puedan recorrer un camino que se inicia en Valparaíso.
El narrador–autor, nos presenta con claridad el lugar, y la ambientación de la ciudad porteña, como en la primera página del relato “...una tarde de invierno húmeda y nebulosa, trasminaba aquel caramanchel de un expresivo olor a café, que provocaba y atraía a cuantos marineros navegaban el lodo de aquellos andurriales”. Con ojos de observador nos presenta la “Cueva del Chivato”, y en lo que después se convertiría, curiosamente parte de una bóveda bancaria (según anotación de las Obras Completas de Lastarria). Un agujero que nos lleva al bajo mundo y a la destrucción del ser.
Será en el capítulo VI, cuando el protagonista se enfrente una descomunal criatura, el chivato, que por definición literal no nos sirve , ya que se refiere a un chivo de pocos meses, sólo en su acepción interpretativa de delator o controlador nos permite dar una idea más cercana del sentido último de este animal que cuida la guarida, es el acusador de quienes se acercan. La monstruosidad tenía el volumen de un toro, los cuernos de un ciervo y dos ojos que alumbraban como dos brasas. La confrontación no hace más que agudizar la culpa, exagerar la lucha de cuerpo a cuerpo es autodeclararse culpable, y por ende, merecedor de un primer castigo físico, quedar sin aliento “inmóvil como un cadáver”. La violencia física se nos presenta, entonces, como un indicio de perdición y muerte. Ante lo desmesurado de algo que sobrepasa a la naturaleza no puede existir confrontación, el orgullo hace repeler el ataque y por ende recibir el castigo. El “yo” real no puede luchar contra algo que se muestra a priori como un ente que supera lo racional.
De esta manera llegamos a una nueva etapa, interrumpida por un cuento más bien ligado a las novelas ejemplares del Cervantes, una especie de dominio narrativo que más que ayudar tiende a interrumpir el relato. Si no fuera por el personaje femenino que está en juego, nada de ello en apariencia importaría, pues es Julia quien ocupa la mente de don Guillermo, además es por ella que se ve obligado a pasar por un lugar no apropiado. En otras palabras, Julia es un agente de picardía, de una sensualidad que más de ser atrayente es perniciosa. Ella posee la belleza perturbadora, inquietante, posesiva, y que en este caso logra indirectamente hacer caer a don Guillermo a la Cueva del Chivato.
El DE PROFUNDIS será para Don Guillermo como el Pater Profundis o región Inferior para El Fausto3. Los abismos, la caída hacia el lugar que no conocemos a ciencia cierta, como dice el texto ”si es cuarto o cueva, o si es un sepulcro o un cajón...” En esta zona de hermeticidad de piedra, logra verse una inscripción en lengua italiana “lasciate ogni speranza, voi che entrate.”, que nos remite a la Divina Comedia4 , Canto Tercero, en un lugar bajo un cielo sin estrellas, oscuro, las puertas mismas del Infierno. Con la obra de Lastarria nos enfrentamos al mundo de lo grotesco, caras que surgen de las paredes, muecas, burlas, estornudos imitativos, “sacaban unas lenguas largas, húmedas y amoratadas”.
El mundo del desquiciamiento empieza a desenvolverse con mayor claridad cuando don Guillermo comparece en un juicio, será ahí la desnudes del cuestionamiento a toda causa revolucionaria, “leso” será el tratamiento que le dirán, risas despreciativas , se abogará por la mentira- la ignorancia – el fanatismo – y la ambición. E Imbunche será declarado. A coserlo, a darles puntadas, torturarlo, violentar, denigrar, sufrir por su calidad de persona honesta y veraz. Por lo tanto, presenciamos lo demoníaco del texto, la presencia del mal, que va a solidificarse una vez que en el país de Espelunco se plantee las intenciones de dominar el mundo exterior, una confabulación se organiza desde el subsuelo del país, comandadas por demonios y hechiceras. Instaurar el poder antiguo, representado por la colonia, pero, bien sabemos que el poder antiguo, rebelde, tentador y engañador viene desde las mismas raíces del mal.
Don Guillermo es rescatado del imbunchamiento por un personaje femenino Lucero. Una bruja que tiene la capacidad de transformar, de salvar y de medir las capacidades del protagonista para encargarle una misión... desencantarla. Ella está hechizada, poseída, pero puede ser liberada por un hombre tenaz. ¿Quién es Lucero? ¿Es una misión salvadora o condenatoria? Tratar de rescatarla por medio de un sacrificio. Una misión de ritualidad, una peregrinación de Santiago a Valparaíso, una invocación de palabras mágicas. Dar la vida por un ser que tampoco es liberado. Una tarea pendiente, inconclusa, una condena más que un sacrificio salvador. Lucero como personaje femenino se presenta con características angelicales y de belleza, sin embargo, su petición no es otra cosa que condenar al protagonista a una vagancia de por vida. Transformarse del ser que era a un otro, peregrinante, “loco”, cuya realidad no es otra que la de cumplir un sueño liberar a lucero que yace atrapada en el fondo del planeta. Desde esta perspectiva, Lucero se vuelve la mujer fatal, la mujer que pareciera ser la salvadora pero en realidad es la que provoca la muerte y la locura. Hay más en este nombre tan peculiar, Lucero es la estrella matutina o del atardecer, es el planeta venus, más brillante que las otras estrellas, el astro del amor (el engaño para el protagonista). Pero Lucifer, también, significa “la estrella matutina”; de ahí se puede establecer el parangón entre Lucero y Lucifer, es un mismo personaje. As í como se ha transformado en pájaro, y le ha enseñado a don Guillermo algunas artes de lo oculto, también tiene una cercanía con aquel ángel más brillante y hermoso, que ha caído de los cielos y permanece encadenado en el Infierno. Dos personajes en uno, la dualidad, el enmascaramiento, el cambio de identidad, el engaño, lo aparentemente bueno pero que es condenatorio.
Al desaparecer Lucero, nos encontramos con Asmodeo, tentador, irónico, burlesco. Un viejo jorobado que vuelve a don Guillermo a la superficie. Asmodeo es un demonio, “un ser diabólico enemigo del matrimonio”5 , según la tradición judaica el rey Salomón lo obligó a que ayudara en la construcción del templo. El escritor Luis Vélez de Guevara lo hará su personaje principal en su obra Diablo Cojuelo. Es aquí, se produce una situación como si fuera de lo más normal, un diálogo entre Asmodeo y don Guillermo, un nuevo pacto. El personaje es ayudado por una entidad maligna, lo saca por medio de un violento vuelo y lo vuelve a la luz. Al despedirse Asmodeo ”le echó una mirada de soslayo, sonriéndose”, posteriormente hace muecas y ruidos grotescos.
El espacio a sido trastocado, un personaje del mundo de la realidad que conoció el otro mundo de las sombras, ayudado por un demonio, que dialogó con brujas, enfrentó seres fantásticos; no podría mantenerse en una coherencia de vida. Mr. Livinsgston o Pagan o don Guillermo o un peregrino que ha perdido la identidad de su entorno, que ha vuelto convertido en un otro, una especie de ánima viviente que vaga entre Santiago y Valparaíso. Finalmente, como ya sabemos, muere despeñándose. El sacrificio de su vida, no fue otra cosa que su propia muerte, su condena más absoluta, el vivir en soledad más permanente, “El LOCO” ( como en las cartas de Tarot) que lleva su vida por lo errático y la extravagancia. Don Guillermo es el símbolo de una apariencia que no es, un ser que ha dejado su propia individualidad para convertirse en un otro, perdido y condenado a su propio sueño, a su propia quimera, encadenado a la oscuridad.
Víctor Vera
1 “Recorrer el camino del Diablo con odio, violencia e indiferencia.”Pág.337. El Príncipe de las Tinieblas,; Burton Russell, Jeffrey. Editorial Andrés Bello. 1994.
2 La Venida del Mesías en Gloria Y Majestad; Lacunza, Manuel.
3 “Oigo entorno mío un salvaje tumulto, como si se conmovieran los bosques y las moles de granito” Fausto. Goethe, Johann Wolgang.
4 ...”los que entráis, abandonad toda esperanza!”; La Divina Comedia. Alighieri, Dante.
5 pág.1570, SAGRADA BIBLIA, Edición de Nacar- Colunga, Madrid, 1974.
2 La Venida del Mesías en Gloria Y Majestad; Lacunza, Manuel.
3 “Oigo entorno mío un salvaje tumulto, como si se conmovieran los bosques y las moles de granito” Fausto. Goethe, Johann Wolgang.
4 ...”los que entráis, abandonad toda esperanza!”; La Divina Comedia. Alighieri, Dante.
5 pág.1570, SAGRADA BIBLIA, Edición de Nacar- Colunga, Madrid, 1974.
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